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20 de junio de 2018

Cuetzalan entre Quetzales y Centauros

Carmen Islas y Cristina Tejeda

El Patrimonio cultural de un pueblo comprende las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores e intelectuales, así como las obras anónimas, surgidas del alma popular, y el conjunto de valores que dan sentido a la vida, es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo; la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte, y los archivos y bibliotecas. En esta forma, el patrimonio cultural tiene dos vías de manifestación: el material; como edificaciones u objetos, y la inmaterial, como procesos, lenguas y técnicas que dan lugar a festividades, ritos y tradiciones.

Dentro de las costumbres y tradiciones que forman parte del patrimonio inmaterial del Municipio de Cuetzalan, Pueblo Mágico del estado de Puebla, se encuentran las danzas. Estas se llevan a cabo en las principales fiestas del municipio, desde las festividades de semana Santa y navidad, hasta las fiestas patronales de cada comunidad, están son las más representativas:

Danza de los voladores

Esta es una de las pocas danzas de origen prehispánico que sobrevivió a la mano de los conquistadores, tal vez porque consideraron que se trataba de un juego acrobático, pues los indígenas supieron disfrazar muy bien su significado religioso. Actualmente esta danza se sigue practicando en algunas comunidades de origen nahua, totonaca y otomí. En la región de Cuetzalan la danza conserva mucho de su significado religioso.

Danza de los Quetzales.

Esta danza está estrechamente relacionada con la anterior, pues también posee marcadas reminiscencias prehispánicas relacionadas con rituales cosmogónicos y solares; es la más representativa y popular de Cuetzalan. Resulta un verdadero espectáculo ver a los ejecutantes bailar y sostener el equilibrio, portando enormes penachos circulares que imitan el colorido del quetzal. “La danza de los “Quetzales” viene, de la celebración azteca Xochipehualitzitli o Fiesta de la primavera” (1). Resulta un verdadero espectáculo ver a los ejecutantes bailar y sostener el equilibrio, portando enormes penachos circulares que imitan el colorido del quetzal. Esta danza se compone de 52 sones y los danzantes la ejecutan formados en dos filas, con un capitán o caporal en medio. Cuando bailan avanzan con pequeños pasos sencillos, doblando alternativamente las rodillas y dibujando el signo de la cruz con los pies. Se desplazan, de norte a sur y de oriente a poniente, marcando los cuatro puntos cardinales y entrelazándose para formar una cruz. A diferencia de los voladores calzan huaraches y sostienen sobre su mano derecha una sonaja con la que marcan el ritmo de la danza. Llevan un cinturón que es muy característico entre los varones de la región cuetzalteca, llamado "xochipayo". Pero el elemento más espectacular de su atuendo es el impresionante penacho que llevan sobre la cabeza, el cual consiste en un armazón circular de carrizo montado sobre una base cónica. En el bastidor de carrizo se entretejen listones de colores y sus puntas superiores se decoran con plumas blancas de gallina. Todo este conjunto forma un enorme disco multicolor que constituye quizás uno de los pocos elementos del traje original que sobrevivieron a la conquista. La danza es acompañada por un músico que toca la flauta de carrizo y el tambor de doble parche, otros dos elementos precolombinos.

Danza de los Santiagos

Es una de las más populares en México y en América Central, “en ella se revive la gesta del apóstol Santiago en su reconquista cristiana” (2) aunque estos últimos son interpretados de muchas maneras en las numerosas variantes que existen. La danza constituye una elocuente muestra de la mano evangelizadora de los frailes españoles, ya que en estas apartadas comunidades totalmente ajenas a los conflictos medievales se sigue recordando, aunque adaptadas a las costumbres locales, la epopeya del triunfo del cristianismo sobre las huestes de Mahoma. Santiago era también el santo patrono de los conquistadores españoles, de ahí su impacto entre los indígenas mesoamericanos para asociarlo con las danzas llamada del ciclo de la conquista. La variante que se baila en Cuetzalan consiste en la lucha que sostienen las fuerzas cristianas, encabezadas por el Santo Santiago montado sobre un caballo blanco de madera, contra los Pilatos, que representan a una especie de demonios. La danza se acompaña con flauta de carrizo de cinco tonos y un tambor grande.

Danza de los Negritos

Es otra danza que tiene su origen durante la época colonial. Según cuenta la leyenda, hacia el año de 1550 convivían en el patriarcado de Papantla un numeroso grupo de totonacas y esclavos negros traídos del continente africano. Un mal día, una víbora mordió a un niño negro; al ver esto la madre del niño corrió a llevar al pequeño ante los demás negros, quienes realizaron una extraña ceremonia entre bailes y gritos, esperando el milagro de que el niño se salvara. Dice la tradición que los totonacas observaron sorprendidos este baile y más tarde lo imitaron. Los Negritos bailan, cantan y dicen parlamentos donde se indican los ejercicios a seguir, así como el turno que corresponde a cada danzante. Participan jóvenes varones de 12 a 16 años, así como un niño de 11 años llamado “gran chiquillo”. También aparece un personaje llamado “mariguanilla”, que es un hombre vestido de mujer con su serpiente de palo para indicar la presencia de la Madre Tierra. 

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  1. Nicolas Triedo, “Danzas Nahuas en la Sierra Norte”. Revista electrónica México Desconocido.

  2. Ibíd.

  3. Folleto “El ABC del Patrimonio Cultural y Turismo”, Coordinación Nacional de Patrimonio Cultural y Turismo, Secretaría de Cultura.